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MINAS DE SIERRA MORENA: los colores de la Tierra es un proyecto de Eiffel Lab financiado por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte.
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Viviendas de la calle Ancha del barrio Alto de la Mesa. Minas de Riotinto, Huelva. Autora: Marta Santofimia. Fuente: Minas de Sierra Morena. Los Colores de la Tierra. 2013El escenario. Los poblados mineros

El campamento minero se convirtió en un tipo común de asentamiento durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, cuando la industrialización multiplicó la producción de las minas y la mano de obra empleada en ellas. Por otro lado, la actividad minero-industrial y su fuerte incidencia en el territorio (contaminación, deterioro del espacio forestal, etc.) a menudo dejó espacio sólo para una agricultura y ganadería marginales, lo que propició que en algunos enclaves constituyese casi la única opción laboral.

Entre las causas que motivaron la aparición del campamento minero cabe glosar la necesidad de las empresas de disponer de una plantilla fija, el aislamiento del lugar de trabajo respecto a las poblaciones preexistentes o el involucramiento del grueso de la comunidad en la mina, entre otras. Todas ellas se repitieron con frecuencia, por lo que es posible rastrear pautas comunes en localidades geográficamente inconexas.

Los poblados surgidos en torno a la mina desarrollaron con asiduidad fórmulas parecidas de ordenación y crecimiento, así como una serie de construcciones de idéntica funcionalidad, configurándose como una realidad diferenciada en su territorio. A ello contribuyeron el paisaje generado por las minas y las costumbres exógenas de la población inmigrante (tanto mano de obra como capital), pero también el grupo nacional de mineros y sus formas de trabajo y existencia, muy diferentes a la de los pueblos campesinos de los alrededores: buenos sueldos fijos, tiempo libre e infraestructura para ocio, etc.
 
 
La vivienda
Los campamentos mineros se construyeron ex profeso para acoger cerca de la mina a la ingente masa humana que había encontrado en ella su puesto de trabajo. En efecto, el boom minero de finales del siglo XIX – principios del XX generó pueblos y ciudades en Andalucía, como Peñarroya-Pueblonuevo o Cerro Muriano, por citar dos casos cordobeses.

Barrio minero de Sao Domingos en Mertola, Portugal. Autor:Juan Manuel Cano Sanchiz. Fuente: Archivo particular del autor. 2010Cuarteles mineros
En el contexto descrito, los cuarteles mineros gozaron de fuerte protagonismo. Estas construcciones, conocidas bajo diversos nombres -pabellones, barracones, etc.-, estuvieron muy extendidas por Europa. Fueron por lo general naves rectangulares cubiertas a dos aguas y divididas en pequeños hogares o habitaciones. En otros casos se siguió el modelo de cuartel militar, en el que todos los inquilinos -sobre todo los solteros o recién llegados- compartían el mismo espacio.

Aun cuando no faltan ejemplos de gratuidad, lo habitual fue que los operarios tuvieran que pagar un alquiler para acceder a las viviendas, normalmente en manos de las compañías explotadoras. Así sucedía en la década de 1910 en asentamientos como Cerro Muriano, Puertollano (Ciudad Real) o Villanueva del Río y Minas (Sevilla), entre tantos otros.

El capital trató a veces de hacerse con la propiedad de todos los hogares, lo que le permitía tener un control más efectivo sobre la mano de obra, que encontraba casi imposible residir en una casa que no fuera de la compañía, como bien ejemplifica Riotinto (Huelva).

Chozos mineros en Cerro Muriano, Córdoba,en la década de 1910. Fuente: Colección Pearce. en PENCO, F. Cerro Muriano, sitio históricoChabolismo
Junto con estos cuarteles proliferaron las chabolas, las chozas y las cuevas. En Villanueva del Río y Minas dependían de terceros y eran alquiladas a temporeros; es decir, aquéllos que necesitaban cobijo para el breve periodo que trabajaban en la mina. Generalmente, estas precarias construcciones respondieron a un tipo muy frecuente caracterizado por su pequeño tamaño y el uso de materiales deleznables, como puede rastrearse en torno a las minas de Tinoca (Arronches, Portugal), Riotinto, Cerro Muriano, Peñarroya o Puertollano.

La venida masiva de inmigrantes que acompañó al boom trajo consigo el crecimiento descontrolado de los poblados mineros de Sierra Morena, que durante el siglo XIX se convirtieron, a menudo, en espacios desordenados, tendentes al hacinamiento, ruidosos e insalubres. Los recién llegados tuvieron que asentarse con frecuencia en suburbios marginales donde la vida íntima sólo podía desarrollarse en un ambiente de pobre calidad y carente de las condiciones mínimas de habitabilidad, lo que no pocas veces generó entre los mineros cierto sentimiento de exclusión social. Así ocurrió, por ejemplo, en Linares (Jaén) -donde en un cuarto mal ventilado podían dormir hasta doce hombres-, en las minas del SE peninsular, o en Riotinto durante los primeros años de explotación británica. En el primer tercio del siglo XX la situación comenzó a mostrar síntomas de mejoría, prestándose mayor cuidado a las condiciones higiénicas de los campamentos y de los lugares de trabajo, lo que incidió positivamente en la salud de los mineros.

En cualquier caso, la tendencia general -al menos, desde el capital- fue buscar una ordenación urbana controlada y racional, así como las mejores condiciones de salubridad. Ejemplos no faltan. La Carolina (Jaén) fue planificada a finales del siglo XIX como centro neurálgico de las nuevas poblaciones surgidas en torno a la actividad minera. Allí acudieron otras industrias diferentes e importantes bancos, al tiempo que la ciudad se equipaba con una completa infraestructura de servicios y comunicación con el exterior, fundamentalmente ferroviaria. Todo ello dotó a su población de un dinamismo carente en otras zonas del territorio, y que, en definitiva, le permitió alcanzar altas cotas de desarrollo industrial y socio-cultural.
 
 
El paternalismo industrial y su infraestructura para la vida minera
El trabajo del minero se ha asociado históricamente con problemas como la inseguridad, la alta mortandad, la insalubridad, la conflictividad laboral, etc. Sin embargo, junto con los inconvenientes derivados de su actividad, los mineros disfrutaron en general de algunas ventajas: sueldos altos para la época (especialmente comparados con los del campo); estabilidad económica; régimen de pensiones, retiro, viudedad y orfandad; abastecimiento de agua y energía eléctrica por parte de las compañías mineras; tiempo libre; etc. Sin olvidar el acceso a toda una serie de infraestructuras rara vez presentes en las poblaciones rurales de la Sierra Morena decimonónica: hospitales, escuelas, cantinas/economatos, casinos y otros locales de ocio, etc.

Todos estos servicios e instalaciones fueron en muchos casos promocionados y gestionados desde el capital, en una suerte de paternalismo industrial que servía para disponer de una mano de obra sana, instruida, fuerte y renovada (reproducción de los mineros), pero también controlada. Con todo ello, además, las empresas fomentaban la creación de plantillas fijas, para las que estaban reservados buena parte de estos privilegios.

Otras veces fueron los obreros quienes crearon sus propios sistemas de cooperación y asistencia. Es el caso de las sociedades de socorros mutuos para auxiliar a enfermos y accidentados -La Zarza (Huelva), p. ej.- o de las cooperativas de consumo.

Economato de la MZA en Villanueva del Río y Minas, Sevilla. Autor: Juan Manuel Cano Sanchiz. Fuente: Archivo particular del autor. 2008Economatos
La cantina y el economato supusieron a veces más un mecanismo de explotación que un centro filantrópico. Los mineros de El Rincón (Hornachuelos, Córdoba), como tantos otros, recibían a principios del siglo XX sus anticipos en unos vales que sólo eran canjeables en la cantina de las minas, por lo que no podían gastar libremente su dinero. A ello hay que sumar que estos locales no siempre ofrecían productos de calidad, lo que generaba malestar en los obreros obligados a abastecerse en ellos.
En Villanueva del Río y Minas las necesidades de alimentación y vestido eran cubiertas por el economato (para la plantilla fija y sus familias) y la fonda económica (para los temporeros sin familia). En 1910, estas instalaciones incluían matadero, carnicería y panadería. Lo gastado se descontaba, a precio de costo, de los jornales.
Otro ejemplo interesante lo encontramos en el economato construido con capital inglés en el Cerro del Hierro (San Nicolás del Puerto, Sevilla), hoy en ruinas tras sufrir un aparatoso incendio en 1994.

Hospital de la SMMP en Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba. Autor: Juan Manuel Cano Sanchiz. Fuente: Archivo particular del autor. 2005Hospitales
La presencia de hospitales fue igualmente usual en un ambiente de mayor preocupación por la higiene del minero, aunque no una constante. Algunos alcanzaron dimensiones considerables y estuvieron equipados con todo lo necesario, como el construido por la Société Minière et Métallurgique de Peñarroya (SMMP) en aquella localidad para atender accidentados y ofrecer servicios de medicina preventiva. En otros casos, como Cerro Muriano, estas instalaciones fueron diseñadas para cubrir a una población más reducida, por lo que se limitaron a una pequeña enfermería dotada de botica.

Normalmente era el obrero quien sufragaba estos sanatorios -más ejemplos en Tharsis (Alosno, Huelva) o Minas Concepción (Huelva)- con una parte porcentual de su sueldo, si bien en ciertas compañías el servicio fue gratuito. En cualquier caso, a partir de 1900 la ley obligó a las compañías a atender a los heridos en el trabajo sin coste alguno. Por otro lado, y estrechamente asociadas a estas instalaciones, las estaciones de salvamento también jugaron un papel destacado en lucha contra la alta mortandad de los mineros.

Un buen modelo de atención a la salud de la plantilla lo encontramos en la Villanueva del Río y Minas de principios del siglo XX. Allí, la MZA construyó para sus trabajadores un hospital, una farmacia y un lazareto, al tiempo que formó un equipo compuesto por un médico, un farmacéutico, dos practicantes, dos mancebos y dos mujeres, que hacían las veces de enfermeras y limpiadoras. También merece mención Almadén (Ciudad Real), donde la asistencia médica (con una amplia tradición que hunde sus raíces en la etapa preindustrial y la convierte en un importante referente a nivel Europeo) constituye todo un paradigma de vida saludable e higiénica. Claro que el verdadero fin de todas estas iniciativas era recuperar fuerza de trabajo.

Escuela de niños en Villanueva del Río y Mina, Sevilla. Autor:Juan Manuel Cano Sanchiz. Fuente: Archivo particular del autor. 2008Escuelas
Disponer de una mano de obra mínimamente instruida y capaz de asimilar los conocimientos técnicos necesarios para operar con las nuevas tecnologías importadas por la mina fue a menudo un importante requisito para que los trabajos avanzaran a buen ritmo. Por ello, entre otros motivos, las escuelas proliferaron en las comarcas mineras, dando a sus pobladores un acceso a la educación privilegiado en el entorno rural de Sierra Morena. Generalmente separadas por sexo, muchas de estas escuelas (como las de Tharsis o La Zarza, en la provincia de Huelva) contaron con buenas instalaciones y estuvieron perfectamente equipadas para ofrecer una educación de calidad.

Así y todo, no faltaron los poblados mineros con índices culturales muy bajos, ya que la precaria economía de muchos hogares proletarios obligaba a los niños a interrumpir su instrucción para incorporarse al trabajo, tal y como ocurriera con frecuencia en Bédar (Almería) o Puertollano hasta principios del siglo XX.

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